Hoy, San Isidro, es día de asado. Para los labradores y, ahora, en los tiempos que corren, también para sus aledaños y gracias a la Cámara, tan generosa o más que el mismo santo, del que se cuenta el milagro de la olla: que la comida de la olla que había preparado para alimentar a los más pobres de Madrid se multiplicó milagrosamente al comprobarse que había muchos más pobres de los que parecía. Así que el agricultor -al menos el día de hoy- no está en peligro de extinción.
Otro milagro que me gusta de él es el de los bueyes, que hicieron sudar a los ángeles, aun siendo como son seres inmateriales y no sujetos a las limitaciones e imperfecciones de la carne, mientras el santo devotamente rezaba a la sombra de la iglesia, sin importarle ni el rico amo Juan de Vargas ni sus envidiosos y maledicentes compañeros. Hay que honrar al santo, si no seguir su ejemplo, que pocas veces los campos se aran solos o baja nadie del cielo a labrarlos, digo yo.
Otro milagro fue revivir a su único hijo Illán, ahogado en un pozo. Pero hay otro aspecto remarcable de su vida: su boda con Santa María de la Cabeza, su casta y santa separación y su definitiva unión cuando ya los dos estaban mayores; tratándose de los ires y venires de la vida en pareja de dos santos, esto debe ser expresado como lo expresa el hagiógrafo, y no como se hace en nuestros días:
Boda de santos
En Torrelaguna conoce a María, con la que contrae un esponsalicio santo. Ella, según los biógrafos, es cristiana recia, amante del trabajo y asidua en la oración.
La Historia la conoce con el nombre de Sta. María de la Cabeza. Al morir, su cabeza fue trasladada a una ermita no lejos de Torrelaguna.
Los esposos desean consagrarse más a Dios, y deciden vivir separados. María se retira a una ermita y el santo permanece solo. Volverían a unirse en los últimos años de su vida y tienen un hijo único.
No sé si se habrán subastado hoy las andas (una cuarta, un celemín, por el brazo derecho, por subir al santo hasta el pedestal, hasta el altar).
CORO
Oh Glorioso Patrón San Isidro,
hoy nos tienes postrados aquí,
implorando tu ayuda y tu auxilio
para un pueblo que tiene fe en ti,
Este pueblo que fuera tu pueblo,
al que fiel tú supiste servir
y que guarda constante el recuerdo
de quien vela y protege a Madrid
SOLISTA
En tus manos el rústico apero
es emblema de paz y virtud,
pues con él, como humilde labriego
de la Gloria acreedor fuiste tú.
Trabajando afanoso y callado
en la vida imitaste a Jesús
y trazando los surcos de arado
con paciencia abrazaste su Cruz.
Se repite CORO



