Quiero aplaudir hoy un proyecto singular que se ha desarrollado en una empresa ganadera de Sacramenia. El proyecto se titula: Apadrina una oveja: “Mi linda ovejita”. Sí, sí, ustedes se reirán, pero el proyecto tiene mucha miga, y sólo le voy a poner un pero -que va a ir por delante-, que es la pésima calidad de la redacción; una empresa con tanta imaginación para el márquetin debería cuidar esas cosas, y no sólo contar con los servicios de informáticos, sino también con los de redactores y correctores de estilo (yo montaría una empresa, si hubiera demanda, y me volvía tan ancha a mi pueblo), so pena de que el mensaje no sea entendido y se pierda todo el trabajo hecho:
El proyecto, consiste, en el apadrinamiento de nuestras ovejas, recibiendo a cambio productos artesanos, elaborados en nuestra quesería y con la leche de estas ovejas, desde nuestra página Web www.queseriasacramenia.com todas aquellas personas que estén interesadas en el apadrinamiento podrán acceder al álbum de fotos de las ovejas que pueden ser apadrinadas, una vez elegida la oveja, se le solicitará al futuro padrino/madrina una serie de datos, para ponernos en contacto con ellos y hacer efectivo el apadrinamiento, cada oveja sólo podrá ser apadrinada por una persona.
Las ovejas apadrinadas, serán reconocidas mediante un número de explotación individual e intransferible, pero el padrino o madrina podrá poner el nombre que quiera a la oveja que tengan apadrinada, apareciendo su nombre en la foto, podrá visitarla, si no pueden o no lo hacen todo lo a menudo que quisieran podrá verla a través de la página Web www.queseriasacramenia.com con una clave de acceso que sólo se le dará a los padrinos y a través de unas webcam, colocadas en diferentes puntos de la nave. (más)
El proyecto, por lo demás, me encanta, ya desde el nombre: ese estallido sináptico cuando el verbo apadrinar, tan correcto, tan solidario, tan tan, se cumple y culmina en el sustantivo oveja, palabra de dura fonética que hace referencia a ese poco agraciado animal que vive en rebaños y pasa el día comiendo y cagando bolitas verdes, mientras canta una monocorde y ridícula canción que sólo algunos que se llaman poetas son capaces de evocar con simpatía; las ovejas, que además de ser tan pajonas, huelen tan mal. ¡Y qué me dicen del subtítulo: Mi linda ovejita! ¡Qué oxímoron imposible! Si hubieran elegido “Apadrina un cordero” o, peor aún, “Apadrina un corderito” se hubiera perdido toda la gracia literaria.
Y luego el juego del apadrinamiento en sí, con toda las ceremonias asociadas: bautizo, fotos, visitas, seguimiento vía web-cam… Qué irreverentes. ¡Me encanta!
Es lo que le hace falta al secano: imaginación y sentido del humor. Dudo que acabe apadrinando una oveja, pero lo que sí puedo prometer y prometo es que buscaré ese queso para probarlo, con el pensamiento de convertirme en clienta fija, a poco que me sepa bueno.



