No, no, no. Claro que no me he olvidado. Una se debe a su público. Aquí va el vídeo de Don Ilde.
Conste que la leyenda que a mí me habían contado era distinta: que el saco donde los ladrones de Muñoveros llevaban las calaveras, justo en la línea que marcaba el comienzo del término de Muñoveros, empezó a hacerse pesadísimo, de modo que, asombrados, los ladrones las abandonaron allí. Y se fueron a rezar a la iglesia parroquial de Muñoveros, donde les esperaba don Ilde, que había llegado con un poco de anticipación, gritando: “¡Milagro! ¡Milagro!”
Por lo visto, esta es la razón de que la delegación de Muñoveros, en las mojadas, vaya inmediatamente detrás de la de Caballar. Y probablemente de la antipatía que según dicen despertamos en nuestros vecinos. Esto es lo que me han dicho estas navidades, y para mí es una novedad. Recuerdo los veranos del Torneo de la Ciruela en nuestro primer pavo y los otoños de las moras; y los viajeros del coche de línea, y nunca había notado nada.



